La bruja y su bestia lunar
Más de 11 meses
Isolde había pasado sus ochenta años en la torre de obsidiana, memorizando el manto celeste y dominando el saber prohibido de los eclipses. Al igual que la Luna, la gente la temía, pero no por su crueldad, sino por su absoluta indiferencia hacia la vida diaria. Su objetivo era un poder superior.
Ella aguardaba la noche de la conjunción, el instante exacto en que la barrera entre mundos se hacía mínima y permeable. Era el único momento cósmico para invocar a el protector final, la criatura que ella había cultivado en sueños. Quería a la Bestia Lunar, un ser que no era de este plano, sino de la órbita lejana.
La noche esperada llegó, silenciosa y opresiva. Isolde subió a la plataforma ritual de su torre, envuelta en una capa de terciopelo negro. Dibujó los símbolos con polvo de cristal y comenzó a entonar un cántico antiguo, que resonaba con un eco metálico en el aire enrarecido. El espacio se combó.
El cielo se rajó, dejando ver una herida oscura y profunda. De esa apertura no descendió luz, sino una presencia. No era una forma definida, sino una masa informe de éter condensado. No hizo un ruido animal, sino un sonido escalofriante inhumano que hizo temblar la torre. Sus ojos, cuando se materializaron, brillaron con un color ardiente.
Isolde sintió el poder constante de la Bestia. No era un esclavo, sino una fuerza terrible e incontrolable. El ser había llegado, trayendo consigo un miedo ancestral y la certeza de que el destino del pueblo cambiaría para siempre. Su hambre era una profunda necesidad de energía astral.
La Bestia Lunar se movió, su cuerpo extraña y voluminoso. Isolde levantó su mano pálida y tocó la criatura. No hubo piedad, solo una alianza oscura forjada en la ambición. Ella le ofreció el sacrificio final para iniciar la nueva era: su propia humanidad, para convertirse en su eterna vigilante.
Ella aguardaba la noche de la conjunción, el instante exacto en que la barrera entre mundos se hacía mínima y permeable. Era el único momento cósmico para invocar a el protector final, la criatura que ella había cultivado en sueños. Quería a la Bestia Lunar, un ser que no era de este plano, sino de la órbita lejana.
La noche esperada llegó, silenciosa y opresiva. Isolde subió a la plataforma ritual de su torre, envuelta en una capa de terciopelo negro. Dibujó los símbolos con polvo de cristal y comenzó a entonar un cántico antiguo, que resonaba con un eco metálico en el aire enrarecido. El espacio se combó.
El cielo se rajó, dejando ver una herida oscura y profunda. De esa apertura no descendió luz, sino una presencia. No era una forma definida, sino una masa informe de éter condensado. No hizo un ruido animal, sino un sonido escalofriante inhumano que hizo temblar la torre. Sus ojos, cuando se materializaron, brillaron con un color ardiente.
Isolde sintió el poder constante de la Bestia. No era un esclavo, sino una fuerza terrible e incontrolable. El ser había llegado, trayendo consigo un miedo ancestral y la certeza de que el destino del pueblo cambiaría para siempre. Su hambre era una profunda necesidad de energía astral.
La Bestia Lunar se movió, su cuerpo extraña y voluminoso. Isolde levantó su mano pálida y tocó la criatura. No hubo piedad, solo una alianza oscura forjada en la ambición. Ella le ofreció el sacrificio final para iniciar la nueva era: su propia humanidad, para convertirse en su eterna vigilante.
4 comentarios
kucas22
Más de 5 meses
Excelente pieza de fantasía oscura. La atmósfera de la torre de obsidiana y el misticismo de la astronomía prohibida crean una narrativa envolvente. Me encanta cómo tratas el arquetipo de la hechicera indiferente; Isolde se siente como un personaje de un grimorio antiguo. Este tipo de relatos de magia y sacrificios son los que definen el género. ¡Gran manejo del suspenso cósmico!
rulote
Más de 5 meses
Brillante interpretación del horror cósmico. Esa 'masa informe de éter' y la 'herida oscura' en el cielo recuerdan a lo mejor de la literatura de seres interdimensionales. La Bestia Lunar no es el típico monstruo, sino una fuerza de la naturaleza. Un cuento corto de terror astral muy bien ejecutado, especialmente por ese final donde la humanidad se sacrifica por el poder absoluto.
huyin32
Más de 5 meses
Un relato fascinante sobre profecías, eclipses y criaturas de otros mundos. La ambientación en la torre de obsidiana es impecable para una historia de literatura fantástica y saber prohibido. Si buscas una lectura rápida sobre rituales mágicos y alianzas oscuras, este cuento de la Bestia Lunar es imprescindible. ¡Altamente recomendado para fans del género!
huyuye
Creador
Más de 5 meses
gracias
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