La sombra en la pared

huyuye

Hace 5 días

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Adriel se había instalado en una vieja habitación en el corazón de la ciudad. El lugar estaba impregnado de olores a madera antigua y abandono. Su área de trabajo se ubicaba junto a una pared de yeso agrietada que, al caer el sol, proyectaba una sombra extraña que no le pertenecía.

Su propia sombra era un contorno definido y familiar, pero la otra era más alta, con extremidades demasiado largas. Adriel se convencía de que era un truco de la luz, pero sentía un escalofrío profundo cada vez que la observaba. La figura en la pared no era un reflejo inofensivo.

Una noche, mientras estudiaba un texto difícil de alquimia, la sombra se movió por sí misma. No siguió el movimiento de Adriel, sino que se deslizó por la superficie lisa de la pared con un movimiento lento y autónomo. Se detuvo y levantó lo que parecía ser una mano pálida, aunque sin estructura ósea.

Adriel sintió el terror primordial. Comprendió que no era un fantasma, sino una entidad atrapada, una conciencia bidimensional que existía en el plano de la proyección. La entidad no emitía sonido, solo el tormento mental de su encarcelamiento resonaba en la cabeza de Adriel.

En un acto de valor desesperado, Adriel encendió la lámpara de aceite más cercana, forzando la luz a chocar contra la pared. La Sombra no se desvaneció, sino que se hizo más densa y negra, absorbiendo la luz. Adriel se había convertido en su observador, y por lo tanto, en su ancla. Aquel sería su sentencia final. Su destino sería presenciar esa vida cruel en la pared, para siempre.
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