El sacrificio de la luz en la oscuridad
Hace 2 días
El reino de Aethelgard estaba moribundo. No por guerra, sino por la ausencia de sol, un castigo divino que había sumido la tierra en una penumbra constante. La gente vivía bajo un cielo opaco y profundo, y solo las historias de la Fuente del Resplandor mantenían viva su esperanza.
Eliana, una joven tejedora con una voluntad fuerte, se negó a aceptar el destino trágico. Su prometido, Kaelen, estaba consumiéndose por una enfermedad lenta que solo la luz pura podía curar. Ella haría lo que fuera por la vida de Kaelen, incluso enfrentarse a la Sombra Primordial que había robado el sol.
Su viaje comenzó en la Fortaleza Perdida, un punto donde la oscuridad era total y el aire era denso. Llevaba consigo solo un colgante de ámbar y el recuerdo de su amor. El camino la llevó a través de montañas de basalto, donde encontró a un guardián espectral, el último protector de la Fuente.
El Guardián le advirtió: la Fuente no daba vida; exigía una equivalencia total. Para recuperar el sol, Eliana debía ofrecer su propia esencia, su capacidad de amar y recordar. Era el precio final por la salvación de Aethelgard.
Eliana no dudó. El amor que sentía por Kaelen era un motor imparable. Al llegar a la Fuente, sintió una energía violenta que le quemaba el alma. Ella cerró los ojos y se lanzó a la luz purísima, completando el sacrificio cruel y aceptando su propia destrucción para que el sol volviera a brillar sobre su amado y su pueblo.
Eliana, una joven tejedora con una voluntad fuerte, se negó a aceptar el destino trágico. Su prometido, Kaelen, estaba consumiéndose por una enfermedad lenta que solo la luz pura podía curar. Ella haría lo que fuera por la vida de Kaelen, incluso enfrentarse a la Sombra Primordial que había robado el sol.
Su viaje comenzó en la Fortaleza Perdida, un punto donde la oscuridad era total y el aire era denso. Llevaba consigo solo un colgante de ámbar y el recuerdo de su amor. El camino la llevó a través de montañas de basalto, donde encontró a un guardián espectral, el último protector de la Fuente.
El Guardián le advirtió: la Fuente no daba vida; exigía una equivalencia total. Para recuperar el sol, Eliana debía ofrecer su propia esencia, su capacidad de amar y recordar. Era el precio final por la salvación de Aethelgard.
Eliana no dudó. El amor que sentía por Kaelen era un motor imparable. Al llegar a la Fuente, sintió una energía violenta que le quemaba el alma. Ella cerró los ojos y se lanzó a la luz purísima, completando el sacrificio cruel y aceptando su propia destrucción para que el sol volviera a brillar sobre su amado y su pueblo.
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